Todos
los hombres, también el primero, que marcharon al mar, lo hicieron
para pescar sirenas, todos arrepentidos de cambiar de medio, aun
recuerdan cuando eran celacantos, feos, rudos, libres, en tierra
hallaron un paraíso que nunca gozaron, demasiado ocupados
enjaulandolo, matándose a placer para saciar un hambre antes
desconocido, hasta que ya no quedo mas carne que la de los hombres.
No importa cuan toscos eran los que se echaban a la mar, la sola
posibilidad de escuchar su canto alimentaba la esperanza de volver al
principio de los tiempos, pero cuando percibieron la melodía que
trae la vida, la sangre que había alimentado sus venas en tierra,
llevaba la ponzoña del odio, con el pecho cegado, asieron a las
mujeres del agua a los mástiles al principio, rogándoles quebraran
el sortilegio con sus voces, que les impedían respirar el liquido
del crisol del mundo, exigiéndolas después les diesen la libertad
merecida por sus conquistas, amenazándolas con dejar que se ahogaran
al sol, en ese momento, la sirena grito, el mar paralizo el oleaje y
la primera luna cayo, el impacto hizo que el océano devorase todo,
anegando las tierras, reclamando para si todo vestigio de sus hijos
imperfectos. Aun puedo ver sus cabellos brillar al alba desde el
viento que agita mi sonrisa.
lunes, 9 de septiembre de 2013
comentarios 1
El
otro día vi muchos murciélagos, tantos como mosquitos, fue una
batalla épica de nivel intergalactico, me senté en un banco para no
ser yo y perdí la noción del tiempo, había tantos que taparon la
noche, todos los que pasaron por allí los vieron, no lo olvidare
nunca, volaban tan cerca que aun puedo escuchar su aleteo,
esquivandolo todo, lanzando ecos, que también oí. No se si debo
contarlo o no, podía haberles cogido a todos con la mano, pero lo
único que quise es ser uno de ellos. No se si eran azules, la luz de
las farolas mienten.
martes, 3 de septiembre de 2013
relato nº 10 - UN ANTES Y UN DESPUES - publicado en absenta mare
chalton
hizo un gesto con la mano para que se acercara, el joven se levanto
abandonando la caja luminiscente vestigio de un pasado remoto,
incomprensible para su tierna mente inquisidora. Había estado
tumbado boca abajo a escasos centímetros
de distancia de la maquina retro, sobre la moqueta gris, antaño azul
tormenta.
-
Así que no te lo crees ¿eh?-
-
¿Como es posible que no pudieseis decidir lo que veíais?-
-
Jajaja- el anciano carcajea el cavernoso pecho, haciendo ecos en la
sorpresa del estupefacto muchacho. - La tecnología era así
entonces, las cosas no eran como ahora, en aquella época no había
ordenadores, ni siquiera teníamos
teléfonos móviles.-
-
¡Ala!-
El
niño boquiabierto miraba a su abuelo con ojos de sapo atragantado.
Lo coloco sobre sus rodillas para encararlo de hombre a hombre y
pensó. Quizás
este preparado, ¿quien sabe?.
-
¿De donde vino la idea de hablar sobre la televisión?.-
Preguntó con una gran sonrisa de amor y ojos tiernos que dirigió
a la joven vida anhelante.
-
En las redes sociales, uno de mis contactos hablaba de una película
antigua, su abuelo le dijo que el la vio de joven en la televisión.
Nos pusimos a buscar sobre esa maquina, pero no entendimos nada.
-
Es lógico- el anciano hizo una pausa que le llevó al pasado a la
velocidad de la luz, una sensación de
ingravidez invadió
su cuerpo que por unos instantes le permitió verse a si mismo
flotando en un mar de recuerdos encapsulados en burbujitas
transparentes que albergaban instantes de su vida pasada; suspendido
en los intersticios del tiempo, pudo
moverse entre los recuerdos, encontrándose
con los rostros de los muertos conocidos, amados y odiados. Antes de
emborracharse de tristeza por las perdidas y los deseos truncados,
que se aparecían mas vivos e insistentes que los triunfos. Recupero
el dominio de si mismo para dirigirse a la capsula concreta que
necesitaba y absorber su contenido, bebiéndose
la esencia inerte, llenándose con el
cóctel espacio tiempo que abarrotaba una existencia de empresas
vividas con la intensidad de una época más
analógica.
-
¿Abuelo?-
-
Perdona...ya estoy aquí. Fue antes de tu
nacimiento, mucho antes, la tele ya convivia con lo que tu conoces
ahora, y llegó un momento en que, a pesar
del reconocimiento de lo mucho que había
hecho por la humanidad, esta debía seguir adelante con lo nuevo, y
para ello, era menester eliminar lo viejo. Técnicamente
lo que tu disfrutas ahora es mejor en muchos sentidos, pero en otros
es un error. Y como en todas las cosas, hijo, lo difícil
es encontrar el punto medio, algo que no veras muchas veces conseguir
a esta raza joven, que poco a poco entiende que solo es un granito de
arena en un desierto de vida.
-
Vale, pero no puedo ver lo que quiera, ni seleccionar opciones, ni
ver a mis amigos. No puedo hacer nada de nada, es un aparato inútil
que no sirve para nada-
-
Ja ja ja, no seas tan duro, pero te entiendo, aunque yo no he tenido
problemas en la aceptación de la tecnología
que usas tu.
-
Pero eso es normal, porque la moderna hace mas cosas que la vieja,
seguro que al revés te costaría.-
-
Es posible-
-
Yo no podría vivir en un mundo con televisión,
seria como estar en el infierno, podría
ver algo, pero no lo que quisiera y cuando quisiera.-
-
Toda una distopia, chavea-
-
¿Una que?-
-
Ahora tengo que irme, voy a por la merienda; ¿que te parece si en lo
que traigo los bocatas, tú le das una oportunidad
y luego me lo cuentas?-
-
No se, es que..
-
Enciende la, gira esa pieza a la derecha,
hasta que escuches siete clics, despues
mira lo que aparece durante diez segundos, un hombreton como tú
tiene que poder hacer algo tan sencillo ¿no?-
-
Si-
-
Buen chico-
Cuando
regreso, encontró el salón vacío, sonrió y se sentó
en el viejo sillón con la comida, a
esperar pacientemente.
Lo
ultimo que vio el niño, fue un paisaje muy
hermoso, con una montaña. Había bosques verdes y el sol alumbraba
un cielo azul inmenso lleno de blancas nubes justo antes de que la
pantalla se lo tragara, absorbiendo su
cuerpo hacia otro mundo.
relato corto - HOMÚNCULO
En
el preciso momento en que el equipo ATLAS hacía una nueva prueba en
busca del HIGGS, en el colisionador de hadrones del CERN, para
intentar demostrar el modelo estándar y quizá así entender una
pequeña parte del universo, un coche negro seguido de una furgoneta
destartalada serpenteaban a varios kilómetros de allí, al norte del
lago Ginebra, en Lausanne. El coche lo conducía un tipo grande, lo
hacía tranquilo, seguro de si mismo, su compañero, delgado y de
rostro afilado, no apartaba la vista de la carretera, no hablaban,
vestían colores oscuros y nunca ponían la radio, estaban lejos de
casa, estaban allí para cerrar un trato, en el maletero llevaban una
bolsa con novecientos mil euros.
La
noche anterior, en Nueva York, Estados Unidos, en un programa de
televisión nocturno de bastante audiencia, un experto en esoterismo
afirmaba que el experimento que se llevaría a cabo en Suiza en unas
horas pretendía crear una distopía atómica. Otro invitado a la
mesa, que era un reputado científico físico teórico, intentaba
convencerle de lo contrario, decía que si conseguían probar la
existencia de las doce partículas fundamentales gobernadas por las
cuatro fuerzas básicas, establecerían como cierto el modelo
estándar e incluso demostrarían la existencia de la magia, sin
embargo, el vidente insistía en que todo aquello atentaba contra las
leyes de la astrología.
En
las redes sociales corrió como la pólvora la posibilidad de que el
fin del mundo llegara en forma de implosion final debido a un
experimento que se estaba fraguando en Europa, en el famoso
laboratorio científico suizo, un lugar cuya reputación y
reconocimiento mundiales producía cierta desconfianza entre los
profanos, que lo comparaban, equívocamente, con un reactor nuclear,
y casi todo el mundo se acordaba de lo ocurrido en Chernobyl en
la década de los ochenta.
El
coche se detuvo en un bosquecillo al oeste de la ciudad, bastante
lejos de las casas que poblaban esa zona, dedicada al cultivo del
cereal. Se apearon a la vez, como si fuese un autómata dividido en
dos cuerpos, se situaron a los lados de la parte trasera del coche,
pero no delante del maletero, eran profesionales, no había motivos
para que la furgoneta los embistiera por sorpresa, aplastándolos,
pero la precaución táctica formaba parte de su trabajo,
extendiéndose con los años al ámbito cotidiano. Se comportaban
igual si iban a hacer la compra que si realizaban un intercambio de
drogas en medio de la noche. Cuando la furgoneta les alcanzo se paró
a veinte metros, durante medio minuto que pareció una eternidad el
motor permaneció encendido, la mano de un hombre joven, giró el
contacto, apagando el vehículo. El silencio que reinaba en los
campos se extendió entre los arboles y lo enmudeció todo. En el
asiento del copiloto iba una mujer, también joven, ambos se miraron
al resguardo de la oscuridad, incapaces de contener los nervios,
excitados ante el posible botín que obtendrían si todo salia bien.
-
No va haber ningún problema- le dijo él intentando parecer seguro
de si mismo- esto es muy fácil, les damos las cajas, nos dan el
dinero y salimos de aquí pitando, ¿de acuerdo?-
-
Sí- consiguió decir ella en un susurro - de acuerdo-.
Bajaron
de la furgoneta, una ráfaga de viento removió los cabellos rubios
de ella, con las manos se abrazó los hombros, frotándose despacio
los bíceps para protegerse del aire cortante que se levantó durante
unos segundos, recorriendo el bosquecillo como una oleada nerviosa,
moviendo todas las hojas. Tan pronto como vino desapareció.
Unos
kilómetros al sur, un equipo de científicos estallaba de júbilo,
abrazándose unos a otros, por fin lo habían conseguido, lo habían
conseguido, era increíble, todos ellos formaban parte de uno de los
trocitos de la historia de la ciencia mas importantes desde el
descubrimiento del fuego. Habían encontrado la catorceava partícula
y el mundo de la ciencia se vería profundamente revolucionado.
Cerca
de Lausanne, junto al lago Leman, en la iglesia romana de Saint
Sulpice, un estallido movió toda la estructura del edificio, una luz
muy potente iluminó el sótano abovedado de la construcción, una
catacumba de grandes dimensiones usada como laboratorio en el siglo
dieciocho. Del techo caía arena que se desmigaba lentamente, y del
suelo se había levantado una nube de polvo que cubría mesas
repletas de objetos, estanterías llenas de libros y apuntes. Por
todas partes las vasijas de barro y los frascos de cristal
destrozados por la onda expansiva derramaban su contenido, perdido
para siempre. La oleada invisible producida por el CERN se desplazaba
ahora mas allá de la vía láctea, sus efectos en la tierra solo
habían incidido en este lugar, sellado hacía mucho, y en el lejano
Tibet. Una figura de dos metros se alzo gritando de dolor, inundada
de vida, con el pecho en llamas, pletórico de energía. En tan solo
unos segundos, recordó toda su vida hasta que se durmió, hace
ciento setenta y seis años. Arrastrándose, palpando las paredes,
recordando el tacto de la piedra, llegó a la escalera; sobre el
último peldaño descansaba una losa enorme que tapaba el antiguo
acceso a la cámara secreta, el primer lugar que vio el día de su
nacimiento.
-
Encender las luces de la furgoneta- dijo el delgado con un acento
claramente búlgaro. Los chicos se miraron sorprendidos.
-
No me dijiste que eran extranjeros- soltó ella conteniendo la voz
para que no la escucharan.
-
No lo sabia, Máx no me dijo nada al respecto, oye, cálmate- la dijo
mientras se giraba. - No te preocupes- le oyó decir ella desde la
puerta y la miro con cara seria. La chica se giró hacia los
desconocidos que tenia enfrente, la temblaba todo el cuerpo, cosa que
pareció complacer al delgado mientras jugaba con algo en el bolsillo
derecho del pantalón. Los faros dibujaron la silueta de la chica y a
los hombres que tenía delante, a los que no podía ver mejor que
antes. Era como si esas dos figuras absorbieran la luz, tragándose
los detalles de sus facciones.
-
Hemos traído las cajas- dijo Werner insuflando aplomo a su voz.
-
Deberíamos irnos- dijo ella mientras se mordía el labio.
-
Cállate Veronika, piensa en la pasta, maldita sea- la dijo algo
enfadado. Quería terminar cuanto antes, quería irse de allí y
decirle a Máx que una vez era suficiente, se acababa de dar cuenta
que prefería vender las pastillas de poco en poco como habían hecho
hasta ahora, fabricar unas pocas en casa y pasarlas para que las
menudearan por ahí. Dos años atrás él y su novia terminaron la
carrera. En el cuarto curso se conocieron en Ibiza, y empezaron a
salir, allí entablaron amistad con otro suizo que se llamaba Máx.
Fue él quién les convenció para que usaran sus conocimientos de
química para fabricar las anfetas. Al principio fue divertido, pero
cuando empezó a entrar el dinero, se lo tomaron mas en serio. Al
terminar los estudios se instalaron en una zona acomodada cerca del
lago, les iba bien, eran discretos y no armaban jaleo. Pero esto era
demasiado, un día Máx les pidió que hiciesen una partida grande,
cuando escucharon el dinero que iban a ganar pensaron, es fácil,
solo hay que cocinar mas y ya está, lo que no entraba en sus planes
era hacer de correos; después de discutir mucho el dinero ganó la
partida.
El
homúnculo golpeó el techo hasta que la gran losa se resquebrajó,
precipitándose sobre la escalera de madera, destrozándola por
completo y sepultándole bajo tres mil kilos de piedra y astillas. No
le importó lo más mínimo, se levantó cubierto de polvo y
esquirlas clavadas en la piel, miró el agujero, feliz, y saltó.
Recorrió la iglesia hasta la puerta; estaba tal y como la recordaba;
habían cambiado objetos de sitio y algunos le resultaban extraños,
como esas cajas negras que colgaban de las columnas. Da igual, tras
la puerta se encontraba el mundo, él sabe que cuando se duerme puede
pasar mucho tiempo, que las cosas varían con los años, pero eso no
era importante. Hacia mucho que se había despedido de su creador y
había vivido más tiempo que cualquier humano, lo único que quería
era ver un árbol, zambullirse en el lago, y mirar pájaros, de eso
nunca se aburría. La puerta estaba atrancada, de un golpe desencajó
los goznes de las gruesas hojas de madera y el aire entró a
raudales, como si quisiera limpiar aquel lugar de malos recuerdos. Se
precipito afuera, respiro profundamente y empezó a correr
dirigiéndose hacia la noche, huyendo de las luces artificiales.
Cuatro calles más adelante, un coche le golpeó proyectándolo unos
metros hasta darle un fuerte golpe contra un muro. El vehículo frenó
en seco. Rápidamente miró en dirección del objeto atacante con
ojos de fuego, lo miró desafiante un segundo y emprendió la carrera
hacia el campo verde oscuro, hacia los arboles.
-
¿Habéis traído el dinero?- preguntó en un alarde de valor.
-
¿Tenéis el pedido?- respondió la figura más fina de las dos, con
voz suave.
-
Si- dijo Werner- diez cajas con cien bolsas de mil pastillas cada
una.- Por alguna razón estaba hablando demasiado alto.
La
figura que parecía un armario se dio la vuelta, abrió el maletero y
saco una bolsa grande de deporte que lanzó a los pies del joven;
este se quedó quieto, petrificado por una mezcla de miedo ante lo
que estaba haciendo y de espectacion ante la posibilidad de ganar
tanto en tan poco tiempo. Desde que terminaron de cocinarlo todo la
semana anterior, había tenido mucho tiempo para decidir qué hacer
con la pasta. Él quería llevar a Vero de viaje.- Cuando vea el
tamaño del David de Miguel Ángel se quedará pasmada.- Pensaba que
la gustaría Italia. ¿A qué mujer no la gustaría?. Nos iremos en
seguida, cerramos el piso y en dos días estamos en las playas de
Calabria. Solo pensar en el sol hace que merezca la pena la bobada
esa de hacer de correos.
Dos
minutos después estaba fuera de la ciudad, rodeado de murciélagos.
Había conseguido ver una lechuza que por poco se trago al saltar una
valla de piedra que separaba unos cultivos. Inhaló una buena
cantidad de aire fresco, deleitándose con los aromas que le
rodeaban. Con los ojos cerrados paladeo cada sutil aroma que le
llegaba al cerebro. Después de unos minutos los abrió lentamente,
sintiéndose sosegado. Las primeras sensaciones al despertar en el
sótano, de desorientación y angustia por los recuerdos, se
disipaban ahora abandonando su cuerpo, como lo hacia el aire que
expulsaba del pecho lentamente. No sabía hacia dónde dirigirse,
busco el horizonte, tenía claro que necesitaba alejarse del
bullicio, dejar la ciudad al menos durante un tiempo. Delante a la
derecha vio una luz entre la espesura de unos arboles, esta vez iría
con más cautela, nada de encontronazos con la luces móviles.
Con
voz ronca, el grandote le pidió que pusiera las cajas en su coche
negro; fue desagradable. Los dos chicos se afanaron en hacerlo cuanto
antes, la chica puso la última caja en la parte trasera, mientras el
grande sujetaba la puerta. Después la cerro de un portazo y la cogió
del cuello, agarrándoselo con las manazas. La levantó un palmo del
suelo y acerco su cara a la de ella para escrutarla, moviéndole la
cabeza, como si estuviese examinándola el cráneo; parecía que
podía ver a través de la piel. Werner gritó corriendo hacia las
figuras ahora fusionadas. La asía con tanta fuerza que ella no podía
respirar, y comenzaba a ponersele la cara roja, el joven llegó y
golpeo la cabeza del grandote. Él le dio en la oreja izquierda,
soltó a la chica y dijo- ¿quieres jugar eh?-, tenia una voz
horrible, de un puñetazo tumbo al chico, se abalanzo sobre el y lo
cogió de la pechera, le levanto por encima del hombro. -Pesas menos
que un paquete de tabaco- dijo en un francés horrible. Werner
entendió que debía hacer algo desesperado o acabarían muertos.
-
Suéltale Emil, suéltale ya- dijo el delgado que se había situado
detrás de él.
-
Tú no puedes darme ordenes a mi.- Esos segundos preciosos fueron
todo el respiro que necesitó el muchacho para lanzar un golpe a un
ojo del gigante, que soltó un aullido y dejó caer la presa,
llevándose las manos a la cara. Daba vueltas sobre si mismo sin
parar de maldecir. De pronto se detuvo, saco una pistola de un sobaco
y disparo al joven ocho veces antes de que cayese muerto al suelo.
-
¿Estás contento?, ahora habrá que deshacerse del cuerpo- dijo el
delgado. Se le había congelado el rostro y le miraba con los ojos
entrecerrados.
-
Antes quiero encargarme de la chica, puedes mirar si quieres- El ojo
izquierdo no paraba de sangrar, seguramente lo había perdido.
-
Tendrás que matarla, lo sabes ¿verdad?-
-
Lo he sabido desde que bajó de la furgoneta-. Sin previo aviso el
pequeño saltó sobre los hombros de su compañero, saca una navaja
del bolso y comenzó a clavársela con movimientos rápidos, a los
pocos segundos cae al suelo donde se murió lentamente, mientras la
sangre manaba de varias heridas profundas en el cuello.
Se
quedó allí quieto, mirando tranquilamente hasta que dejó de
moverse, y aun le siguió observando un minuto más, pensando en los
años que habian trabajando juntos, sin sentir poco más que el tacto
del mango del pincho en la mano. Después mira a la chica, no se
mueve pero está viva, se acerca y se pone de cuclillas. Lentamente,
comienza a cortarle la ropa con cuidado de no herirla, quiere verla
desnuda, a ser posible con la piel intacta, cuando termina se levanta
y observa su cuerpo desnudo, el pecho se le mueve lentamente arriba y
abajo, esta inconsciente. Limpia la navaja con la blusa de ella y la
guarda en el bolsillo de siempre. Se queda allí, mirándola,
consciente de la fragilidad de la vida, en pocos segundos estará
muerta y ni siquiera se va a dar cuenta, mejor para ella, seguro que
no pensaba que las cosas terminarían de ese modo, pero bueno, está
hecho y no hay nada que lo cambie. Recoge la pistola del suelo y le
apunta directamente a la cabeza, un chasquido entre los arboles le
llama la atención. Cuando gira la cabeza en dirección al sonido, ve
una sombra saltando sobre él, ambos caen rodando, logra zafarse del
extraño y apuntarle instintivamente, los disparos no cesan hasta que
vacía el cargador. Extrañamente a su atacante no parece importarle,
está seguro de haberle alcanzado varias veces, se sacude como un
perro que tiene una mosca en el pelaje y da un paso hacia él, aunque
sabe que no hay más balas en la pistola, la levanta a tiempo de
hacer el ultimo clic, el homúnculo le arranca la cabeza de un
zarpazo. Hacía mucho que no olía la sangre, parte de las agradables
emociones de hacia un rato acababan de evaporarse. Al lado del muerto
estaba el cuerpo desnudo de una chica. Entonces, como invadido por
una horda de fieras sedientas, sintió el impulso de poseerla allí
mismo, apenas si tenia fuerzas para controlar su cuerpo, que le pedía
a gritos que entrara en el de ella, que la violara hasta destrozarla,
que la matara y después fuese en busca de más. De nuevo recordó
plenamente la razón de su autoexilio, fue él quien le pidió a su
maestro que lo destruyese. Aquel, incapaz de hacerlo, le pidió que
durmiera, con la esperanza de que el tiempo cambiara las cosas, quizá
dormir durante años alterase la naturaleza primitiva y brutal que lo
conformaban. Él no quería hacer daño, sencillamente, no podía
evitarlo, por eso colocó la losa sobre sus hombros, y bajo la
escalera, sepultándose en la cripta, tumbándose a descansar,
bebiendo una poción que su creador le dio para que se apagase su
luz, y pudiera aguardar un futuro que quizá trajese la esperanza del
cambio. Pero no ha sido así, no ha cambiado nada, nota como se
apodera de él una bestia nacida de la propia fuente del universo,
con un hambre y un deseo capaces de generar galaxias enteras. Una
fuerza que tan solo unos minutos antes volvía a encenderle el pecho,
trayéndolo de nuevo a la vida. Es la aceptación de este hecho lo
que lleva al homúnculo a liberar las energías contenidas en su
cuerpo en forma de estallido final, esparciéndolo en pedazos, que
pronto se fundirán con toda la materia que le rodea, para descansar
de nuevo. Esta vez para siempre.
FIN
sábado, 31 de agosto de 2013
relato corto - JACINTA LA LECHERA
Jacinta se despertó
con un sueño revelador entre las manos, después de años del
fallecimiento de su padre, se quedo sola en la hacienda familiar,
como también heredo algún dinero, vivía tranquila sin tener muy
clara la forma de su futuro, había alguien con quien quería
compartirlo, pero era complicado, y así pasaban los días, se
sentaba en la parte trasera de la gran casa que daba a las tierras de
su propiedad, y miraba a lo lejos, al horizonte en busca de un
destino, de vez en cuando se le pasaba por la cabeza alguna que otra
idea y gustaba de contárselo a los seres que habitaban aquel mundo
del que ahora era dueña, prefería hablar con ellos que hacerlo sola
en voz alta, temerosa de que el viento le hurtara los tesoros de su
mente, imposibilitando la manufactura de los mismos, y así decía:
- Hoy he tenido una
idea, ¿sabéis?- y entonces se lo contaba todo a sus amigos, que
como no la respondían, realmente no les profesaba una amistad real,
para ella eran simples espectadores del teatro de su mundo interior.
Solía empezar con Paco,
el gran naranjo, miraba sus enormes naranjas redondas y hermosas de
formas y tamaños variados, naturales, que nada tenían que ver con
las que vendían en las grandes superficies, porque este naranjo era
solo para ella, y no necesitaba de productos químicos ni abonos
especiales, tampoco las recogía y calibraba, no llevaban pegatinas
con nombres como guste miel ni cosas así. Comenzaba con Paco porque
exhalaba un aura señorial y llevaba allí desde antes de nacer ella,
confiriéndole un estatus de sabio, luego preguntaba a Estroncio, el
burro, qué le parecía su plan de ese día, este se limitaba a mover
sus orejotas para escucharla mejor, pero guardaba silencio, también
estaban por allí Gorgojo, la urraca, Camunto, el erizo y Curcuma, el
arbusto, como en una obra de teatro, todos ellos la prestaban
atención respetuosamente sin interrumpirla hasta que terminaba, que
era cuando ella hacía una pausa en espera de confirmación a sus
elaborados planes. Como la respuesta no llegaba nunca, se levantaba
dándoles la espalda y sin despedirse entraba en la casa y cerraba de
un portazo.
La verdad es que, en
aquellos esquemas de posibles futuros, todo el mundo ganaba, Jacinta
hacía algo increíble, creando un pequeño paraíso en la tierra
beneficioso para los suyos, empezando por sus colegas de conclave, y
todos eran muy felices en aquel gigantesco patio heredado, de futuro
incierto.
Esa mañana, Jacinta se
fue rápidamente al mercado, deseando contarle a su amiga la buena
nueva, entro como una exaltación en la pastelería de Clara y la
dijo que se pasara por casa a eso de las seis para merendar juntas,
por supuesto no espero su turno en la cola, lo que tenia que contarle
a su amiga no podía esperar. Después de hacer la compra volvió a
casa, por el camino se cruzo con el marido de su amiga, -que guapo
estaba Manuel ese día- pensó. Manuel salía de un establecimiento,
era repartidor, recorría la comarca con una furgoneta grande, que a
Jacinta le parecía enorme, como sus brazos, hacía calor y sudaba
copiosamente por el esfuerzo de descargar los comestibles, Jacinta le
enjugo la frente con un pañuelo de lino que guardo cuidadosamente,
le dio un beso en la mejilla y le deseo un buen día, luego se
marcho, no sin antes mirar de reojo la furgoneta. En casa limpio
sobre limpio, comió y se sentó a esperar a Clara con la mirada
perdida en el aire del saloncito de visitas, en ese espacio que
parecía albergar poco mas que oxigeno y motitas de polvo que
brillaban aritmicamente con el sol que inundaba la estancia, Jacinta
podía ver perfectamente la forma de sus ilusiones, invisibles para
el ojo ajeno, desde el alfeizar de la ventana, Gorgojo la observaba
con detenimiento, como si su concentración le permitiese entrar en
la cabeza de la señora de la casa, y poder así, anticipar el
acontecimiento.
A las seis en punto el
aldabón de la puerta de roble macizo, arranco a Jacinta de sus
adentros.
- Pasa Clara, ¿como
estas?-
- Bien, cuéntame eso
tan importante- se conocían de toda la vida y los preámbulos no
eran necesarios entre ellas.
- Vamos al patio, así
te harás mejor idea de lo que te diga-
Una vez fuera, se
sentaron de frente a la tapia que se perdía a lo lejos.
- Esta noche he soñado
que convertía este lugar en un prado, verde, con varias clases de
hierva, lo llenaba de vacas lecheras y allí, a la derecha levantaba
un cobertizo donde poder ordeñarlas.
- ¿Que te parece?-
- ¿Vacas?-
- Si, lo arranco todo,
los arbustos, el árbol y el pesebre, así sucedía todo en mi sueño,
luego te vendía a ti la leche para hacer pasteles, y tu marido los
repartía por todas partes, quien sabe, puede que incluso por el
mundo entero-.
- Vaya Jacinta, es
increíble, y todo eso salio de tu cabeza?-
- Si, bueno, ¿que te
parece?-
- No se, pero si hay
alguien capaz de hacerlo, esa eres tú, yo te apoyo, ya lo sabes.
- Si si, ya lo se-
Jacinta miraba sin ver a su amiga, construyendo en la cabeza la forma
de sus deseos.
Después de unos minutos
de hablar para aquí y para allá, desaparecieron en la casa y el
patio quedo en silencio, mas de lo habitual, de echo parecía un
cementerio después de un grito horrible, donde hasta los muertos
contienen la respiración completamente mudos a la espera de ver
aparecer el horror en cualquier momento.
Por la mañana Jacinta
se levanto y descubrió que estaba en cinta, se puso muy contenta,
desayuno, se vistió, y marcho rauda al mercado, allí busco la
furgoneta de Manuel, y tuvo mucho cuidado de esquivar la tienda de
Clara. Al medio día regreso a la hacienda y puso un asado ha
prepararse, salio al patio con la colada y una cestita de pinzas.
Tres días después de
conocer la noticia de la vaqueria, Clara le dijo a Manuel durante el
desayuno que no sabia nada de Jacinta, este se limito a encogerse de
hombros y marcharse de caza. Clara decidió ir a ver a su amiga a la
salida del trabajo, quizá podrían comer juntas.
Cuando llego a la gran
casa llamo a la puerta sin obtener respuesta, después de un tiempo
prudencial la abrió y entro, llamo en voz alta y nada, miro en las
habitaciones y tampoco la vio por parte alguna, se dirigió a la
cocina donde un fuerte olor a quemado le arrugo la nariz, en el horno
había una bandeja ennegrecida que debió ser comida antes de quedar
carbonizada, esto no era normal y empezó a preocuparse realmente, la
puerta que daba al patio se encontraba abierta, salio y la vio tirada
en el suelo junto al cesto de la ropa para tender rodeada por un arco
iris de pinzas de colores, muerta.
La policía no tardo en
llegar, el inspector apareció unos minutos después, para entonces
había una patrulla de locales, otra de nacionales y una ambulancia a
la espera del forense para retirar el cadáver. El forense dictamino
que la muerte seguramente se debía a un impacto en la cabeza con el
suelo pedregoso, produciéndola un traumatismo craneoencefalico.-
Quizá se desmayo por lo que fuera - dijo el inspector Maturana -
Quiero pensar que esta pobre chica murió en el acto-, le dijo al
forense, - Ya se vera Maturana, le pasare el informe en cuanto lo
tenga-.
Unas horas después el
lugar quedó desierto, las sillas seguían apuntando en la misma
dirección, abarcando el enorme patio. Fue Camunto quien rompió el
silencio.
- ¿Significa esto, que
ahora ya no habrá prado?-
- Esta claro que no-
dijo Gorgojo - al menos por ahora-
- ¿Que quieres decir? -
pregunto Curcuma con tono preocupado.
- Pues que esa ya no va
a poner césped ni nada, pero no sabemos que hará el que venga
después-
- ¿Entonces no me
arrancan?- dijo con un estremecimiento que movió todas sus hojas.
- No- le tranquilizo
estroncio, con las orejas de punta.
- Dime una cosa Gorgojo-
dijo Paco - ¿ No parece que te importe la muerte de la señora?
- ¿Que insinúas
árbol?- grazno y voló hasta posarse donde todos pudieran verlo
bien, sobre la mesa junto a las sillas.
- Te he visto mirarla
desde las ventanas, y hoy le faltaba el colgante de oro que le regalo
su madre, no lo llevaba al cuello cuando la ambulancia se marcho-. El
naranjo hablaba con calma y todos esperaron a que terminara.
- Así que piensas que
la maté y después se lo quite ¿verdad?- gorgojo parecía enojado y
movía la cabeza arriba y abajo con nerviosismo.
- No digo que la
mataras, pero eres tú quién colecciona cosas brillantes, ¿quién
si no lo habría hecho?- tardo casi un minuto en decir todo esto.
- Y que dices de ti- se
giro moviendo las alas, mirándoles a todos para asegurarse su
atención- no se si os habéis fijado, pero a Paco le falta una de
sus naranjas de la tercera rama de la parte baja, a lo mejor la
lanzaste y golpeaste su cabeza- ohhh dijeron los demás al unisono y
se volvieron a mirarle y corroborar la ausencia de la pieza, el árbol
pareció encogerse unos instantes.
- ¿Es eso cierto?- le
pregunto Estroncio.
Camunto se acerco hasta
que le cubrió la sombra del naranjo y miro hacia arriba.
- Por supuesto que no-
se defendió Paco, -esa naranja se me callo anoche y un gato se la
llevo, ¿porque crees que yo querría matarla?.
- Bueno Paco, tu tienes
mucho que perder- espeto con voz ronca - eres un árbol, firme
candidato a ser talado para hacer el prado, si eso no es un motivo-.
- Me sorprendes Paco-
dijo Camunto -No lo hubiese pensado de ti-
- No tan raudo erizo, tu
también tienes mucho que perder, si arrancan a Curcuma te quedas sin
casa, a lo mejor dejaste una de tu púas en el suelo con la esperanza
de que la pisara y cayera al suelo, golpeándose- Paco movió una de
sus ramas dejando caer una gran naranja cerca de Camunto, el cual se
alejo hasta situarse cerca de Curcuma.
- ¿Hiciste eso
pequeño?- le interrogo el arbusto cuando se le acerco.
- Pues claro que no, me
conoces de sobra, duermo bajo tus hojas cada noche-.
- Pues a lo mejor tu
amigo arbusto es un asesino, erizo- Salto Gorgojo desde la mesa.
- No lo creo- le
defendió Camunto.
- ¿Porque no?- grito la
urraca con las alas abiertas- bien pudo ponerle una hoja de las suyas
en el café de la mañana para envenenarla, se desmayo y bum, golpe
en la cabeza, muerta, y nada de arrancarle.
- Cálmate Gorgojo-
interrumpió Estroncio. - no creo que las hojas de Curcuma sean
venenosas-.
- En realidad...- El
arbusto titubeo unos segundos, - si son venenosas, soy una adelfa,
así que si lo soy, venenoso, quiero decir-.
- Entonces quizá si
fuiste tu- le dijo el burro apartándose de la hojas.
- Oye oye, no te
dispares, tu también podrías haber sido- se revolvió Curcuma.
- No creo- dijo Paco, el
estaba cerca del pesebre mientras ella colgaba la ropa.
- A lo mejor le lanzo
una herradura desde allí- señalo Camunto.
- La policía la habría
encontrado de ser así- dijo Paco.
- Quizás se la llevo
después Gorgojo- observo Curcuma.
- ¡¿Que?!, te crees
que somos cómplices, arbusto idiota- el pájaro levanto el vuelo y
se marcho graznando insultos y amenazas. Unos arboles mas allá, se
oculto en su nido malhumorado, sobre sus tesoros, todos brillantes,
anillos, cristales de distintos colores, un colgante y un canto
redondo de color rojo.
- Creo que voy a tomar
el sol un rato- dijo Paco, y luego guardo silencio.
Camunto, agobiado, quiso
guardarse bajo la base de Curcuma, pero ya no se fiaba y fue a buscar
una piedra grande, junto a la escarbar un agujero. Estroncio les miro
detenidamente, una leve brisa acaricio su grueso pelaje anunciando el
cambio y después se marcho entristecido bajo el sotechado a rumiar
lo sucedido.
Clara estaba en casa,
triste, hoy no había abierto la tienda, no lo había hecho desde que
encontró a Jacinta, sentada junto a la ventana del salón, buscaba
en el paisaje cotidiano una explicación con que apaciguar la
angustia que la paralizaba, ¿como podía haber ocurrido algo así?,
pensaba, y de forma tan horrible. El inspector Maturana le había
dicho, que su amiga estaba en estado. - ¡¿Jacinta embarazada?!-
dijo sorprendida - ¿Pero como?- se pregunto en voz alta. - ¿De
quien?- dijo a su vez Maturana, - ¿Porque no estaba casada
verdad?-. El inspector había dicho que la pobre debió perder el
conocimiento debido a una bajada de tensión o algo así, cayo al
suelo pedregoso donde se le incrusto una piedra y ...en fin, eso es
todo, lo siento mucho señora Buford. Maturana no pudo evitar
abrazarla antes de despedirse.
Unos minutos después
entro en casa el señor Buford, venia de caza.
- Hola Clara, ¿como
estas?-
- Bien-
- ¿Hoy tampoco has
abierto?-
- No, lo siento, no he
podido-
- No te preocupes-
- ¿Que tal te ha ido?
- Bien, conseguí una
liebre- la dejo sobre la mesa de la cocina, guardo en un armario el
zurrón, la bota de vino y la honda, luego se lavo las manos -
¿Quieres café?-.
- Si, gracias, hacía
bastante que no cazabas algo-.
- No es cierto, hace
unos días mate una paloma-.
- Pero no trajiste
nada-.
- No, la deje allí-.
- ¿Porque?-
- Es mejor así-. Se
sentó a la mesa y le cogió la mano a su esposa, esperando a que la
cafetera terminara.fin
dedicado a Isabel A
lunes, 26 de agosto de 2013
trayadas - proyecto GAIA
Todo
terminara, venían diciendo unos tipos pequeñitos, y no solo ellos,
al parecer las piedras de medio mundo vestigiaban cadavéricas, el
ultimo de los días. Por fin llego, ¿ y ahora qué?, ya no tenemos
el papiro de lo que vendrá, el futuro es mas incierto que antes, de
todas formas, me pregunto si es realmente importante si nuestra
galaxia a dado una vuelta completa y ahora no sabemos a donde vamos,
cuando si lo sabíamos, quemamos al mensajero, y en estos tiempos mas
modernos, lo que preguntamos al enlace con las estrellas, bien
podemos consultarlo en los tabloides amarillentos. Que mas da
entonces la incertidumbre del hombre, yo prefiero saber quien le dijo
a los bajitos como estaba organizado el cielo, debió ser flipante,
lo normal es pensar en carros celestiales bajando de entre la nubes,
vomitando de sus orondas tripas de plastiacero, hombrecillos verdes,
a saber, hay quien dice por ahí que son hasta cuatro, las razas que
nos visitan y que entre algunas de ellas se dan candela desde tiempos
lejanos. Que fue lo primero que dijo?
-
saludos, venimos de las estrellas-
Creo
que lo primero que ocurrió es que el tipo con ropa intergalactica
piso un ñordarro de perro andino y espeto:
-
Me cago en estas larvas post apocalípticas que han olvidado la
energía atómica, anda Carlos, dales un zippo, haber si por lo menos
dejan de comer carne cruda.
jueves, 15 de agosto de 2013
poema - NIÑO VIEJO
Si no apuntalas la cueva, se te caerá
mientras duermes
Embalsamado
en piedra, vestigio del futuro
La desidia espantara al pájaro
de la alegría
Atravesará los barrotes que impiden al
ajeno y volara hacia el sol pintando nubes caprichosas
Corpóreas
Plasmando recuerdos vaporosos
perecederos
Detrás marcha el
dragón, dejando yermo el hogar
La fuente calmara tu garganta y el
diluvio arrasara los cimientos desprevenidos
El frío templara tu mente y amputara
tus piernas
El calor se fundirá
con la carne rosa y el fuego lo devastará todo hasta blanquear los
huesos.
Cobarde
Nunca escuchaste el ritmo de tu pecho,
temeroso de encontrar el rumbo a la cima
Ya no recuerdas la entrada al bosque
Cansado
Perdido
Arrastras tu carne por las calles
laberínticas de la complacencia mansa
Con la sangre parda mate, carroñeas el
forraje de las bestias
Temeroso de la muerte
Olvidado el deseo por la búsqueda
del mana del alma
Piel arrugada
Espíritu quebrado
Ya no recuerda un sabor que intuye, que
jamas retuvo en la boca lo suficiente para grabar en el
cráneo
gris el entresijo del hombre pobre
Aferra con sus garras los trocitos de
su carácter roto, los ha manoseado hasta borrar su forma
primigenia para siempre
Con fuerza los encierra en un puño y
llora
Los estruja para que la luz no se los
lleve, la misma luz que un día buscó anhelante y que hoy le castiga
Sentenciado
Encorvado
Perdido entre los muros de las
ilusiones, palpando grietas con las yemas
mudas en busca de
sueños olvidados que rumiar al
vacío
Reptando
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